Comparten mi camino...

21 abril 2011

Una Feliz Pascua...

Es mi deseo para todos los que me acompañan incondicionalmente... les envío un fuerte abrazo y que estas Pascuas los encuentre a todos más unidos que nunca...
Un poco de historia para saber que es lo que festejamos...

La Fiesta De Pascua. 
Era la víspera de la fiesta de Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre. Y Él, que había amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Nuestra Semana Santa coincide con las fiestas pascuales de los judíos. La Pascua era la fiesta por excelencia para Israel. Había comenzado siendo una celebración de pastores nómadas, al inicio de la Primavera, en el momento de cambiar de los pastos de invierno (en los valles, lugares más cálidos) a los de verano (en las montañas, único lugar de aquellos áridos parajes donde crece algo verde en esas fechas). El mismo nombre de la fiesta significa precisamente eso: «paso» de un lugar a otro. Las ovejas estaban recién paridas, por lo que las madres y las crías estaban débiles y podían morir durante la marcha. Para evitar el calor del sol, los desplazamientos se hacían de noche; por eso se esperaba a la luna llena de primavera (motivo por el que, todavía hoy, la Pascua se celebra cada año en días distintos, entre Marzo y Abril). Se pensaba que los desiertos eran la morada de los demonios. Antes de partir, se sacrificaba un cordero, ofreciéndoselo, con la esperanza de que no exigieran otro tributo al atravesarlo; por eso mojaban sus tiendas con la sangre del animal, para que se viera que ellos habían cumplido su parte. Durante el viaje, en los descansos junto a los oasis, se comían los panes sin fermentar, típicos de los beduinos, y las verduras que se encontraban por el camino.
Precisamente durante la fiesta anual de Pascua, el pueblo de Israel hizo experiencia de la bondad de Dios, que le libró de la esclavitud de Egipto por manos de Moisés. El libro del Éxodo nos dice claramente que Moisés pidió al Faraón que permitiera ir a los judíos al desierto para celebrar la fiesta de Pascua (Ex 5, 1). Como el Faraón se niega, comienza un pulso entre él y Moisés (las plagas), que culmina con la victoria del enviado del Señor y la salida de Egipto. El sacrificio del animal, la sangre, las verduras amargas, los panes ázimos y el mismo nombre de Pascua, adquirirán un significado nuevo: «Es el "paso" del Señor, que ha estado grande y nos ha hecho "pasar" de la servidumbre a la libertad» (Cf. Ex 12). En los siglos posteriores, los judíos piadosos subían cada año a Jerusalén por esas fechas. No era un acontecimiento cualquiera; era la celebración de los orígenes del pueblo, la ocasión de renovar la Alianza con Dios y la fe en su providencia: El Dios que nos sacó de la esclavitud e hizo de nosotros un pueblo, estará con nosotros para siempre.

Jesús también celebraba cada año la Pascua (Lc 2, 41-42). Durante las fiestas pascuales, Jesucristo encontró la muerte en Jerusalén y resucitó del sepulcro. A partir de entonces, la Pascua se convierte para los cristianos en el «paso» de la muerte a la resurrección, del pecado al perdón, del hombre viejo a la vida nueva en Cristo. San Pablo insiste en sus cartas en que los cristianos participamos sacramentalmente de la Pascua de Jesús: «¿Ignoráis acaso que todos los bautizados han sido vinculados a la muerte de Cristo? En efecto, por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo, quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. Si hemos sido injertados en Cristo a través de una muerte semejante a la suya, también compartiremos su resurrección» (Rom 6, 3-5).

El Domingo anterior a la Pascua, Jesús entra solemnemente en la ciudad, a lomos de un borriquillo, entre las aclamaciones del pueblo y de los niños. No debemos olvidar que Jesús se dirige a la Ciudad Santa para celebrar y vivir la Pascua definitiva. El pueblo acogió al Señor como Rey de Israel, aclamándolo como el Enviado, el Mesías, el Profeta esperado. En estos días Él explicará con sus palabras y obras qué tipo de Rey, de Mesías y de Profeta es. A muchos no convencerán sus actitudes ni sus propuestas. La mayoría de los que el Domingo lo aclamaban como Rey, el Viernes pidieron su muerte. Encontramos esta contradicción a lo largo de toda la vida de Jesús. Al inicio de su actividad pública en Nazaret (Cf. Lc 4, 14-30), mientras dice cosas agradables «todos asentían y se admiraban de sus palabras» (22); cuando dice lo que no quieren oír «se llenaron de indignación, se levantaron, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio del monte con ánimo de despeñarlo» (29). Ahora la historia se repite, pero con mayor dramatismo.

Durante los últimos días de su vida, Jesús realiza importantes gestos proféticos, en la línea de los que hacían los hombres de Dios del Antiguo Testamento: gestos cargados de significado religioso, que cumplen lo que prometen (como ejemplo se puede ver 1 Re 11, 26-39). De todas formas, son sus palabras las que iluminan el significado último de sus acciones.

9 comentarios:

Sony dijo...

muchas gracias amiga por regalarnos esta maravillosa entrada y por enseñarnos un poco mas de los origenes de nuestras pascuas cristianas,un excelente pots mi querida amiga que he disfrutado mucho.

te dejo un fuerte abrazo para ti y para tu familia y les deseo desde la distancia pero cerquita del corazon una muy felices pascuas!!!!!

Clau dijo...

Gracias amiga por pasar....te imagino de aquí para allá...pero aprovecha ésta Pascua para despejarte,relajarte y agradecer todo lo lindo que te esta pasando:) besossssssss

Jabo dijo...

Hola Clau: he leído con gusto tu post, pues reconozco que he aprendido mucho en el mismo.
Felices pascuas!!!
Abrazo. Jabo

BESANA.(Isabel/María) dijo...

Hola, bellisima entrada y muy propia de estos dias.

Un abrazo.

http://besana1.blogspot.com/

Clau dijo...

Gracias Besana por tu saludito:) te envío un abrazo grande y que estas Pascuas nos encuentren mas unidos a todos...

Clau dijo...

Jabo, gracias por estar por aquí y te deseo también unas Pascuas en armonía con los tuyos.Hasta prontito!

Hada Saltarina dijo...

Felices Pascuas a ti también. Este año he querido, sobre todo, poner el acento en la Resurrección más que en la Pasión (algo demasiado vivido en mi país), y por ello me alegra poder felicitarte también.

Un fuerte abrazo

cuchu dijo...

Gracias por este precioso post, que me ha enseñado cosas que no sabía, además de deleitarme en su lectura. Esmuy agradable pasar por tu blog.

Un abrazo

Clau dijo...

Hola amigas cibernéticas! que alegría leerlas: Cuchu, Hada... es para mí un placer abrir el blog y encontrarme con sus palabras que siempre, siempre me reconfortan el alma...me ayudan a seguir creciendo y lo mas espectacular, que nos acompañamos cálidamente:)
Un abrazo grande a las dos y ya las estaré visitando.